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Los sitios más visitados durante Semana Santa en Cundinamarca

por: Omar Gamboa

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Según IA, la Catedral de Sal de Zipaquirá;  la Parroquia San Lorenzo Mártir  y el Santuario de Nuestra Señora de la Salud en Bojacá; también la Villa de Guaduas. La Capilla de  Nuestra Señora de la Valvanera en Chía; La Iglesia del Divino Salvador y el Santuario de Mi Padre Jesús de la Piedra en Sopó son algunos de los centros más visitados durante Semana Santa. El Alto de la Cruz en Fusagasugá figura dentro de la agenda de los creyentes en el Sumapaz.

En las preferencias de los peregrinos durante los Días Santos en el departamento, de acuerdo a otras apreciaciones igualmente válidas, aparece la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima de Tocancipá y otros puntos religiosos.

La Iglesia Doctrinera de Sutatausa; la Basílica Menor del Santo Cristo de Ubaté y la Iglesia de San Jacinto en el municipio de Guasca, al oriente de Cundinamarca, figuran en la lista preferente.

Además, y con más carácter recreativo, aparece el Parque Jaime Duque, las Piedras del Tunjo. Numerosos atractivos a lo largo de las Provincias del Sumapaz y Tequendama, al igual que en Girardot y las orillas del Magdalena hacia el norte.

Semana Santa en la Catedral de Sal de Zipaquirá

Es “uno de los lugares más emblemáticos del departamento de Cundinamarca”. Precisamente, y según IA, para los Días Santos ese escenario religioso pasó a ser “el destino predilecto de quienes buscan un momento de reflexión interior”.

Su historia próxima se remonta a 1.930 cuando los mineros, imbuidos por una profunda devoción, levantaron una capilla improvisada dentro de los túneles.  Medio siglo después, sin embargo, el altar tuvo que ser cerrado en 1992 debido a preocupaciones sobre su seguridad.

Tres años más tarde, en 1995, se dio inicio a un nuevo capítulo de este lugar sagrado. La nueva y actual Iglesia, o Catedral de Sal, fue inaugurada a 180 metros bajo tierra.

Para construir este nuevo santuario, se extrajeron algo así como 250 mil toneladas de roca de sal, convirtiéndola en la mayor reserva de su tipo en el mundo.

El escenario religioso tomó dimensiones especial en 1932 cuando Luis Ángel Arango, directivo del Banco de la República, quedó impresionado por la devoción de los obreros y concibió la idea de la capilla subterránea. Comenzó un proyecto que cobró dimensiones especiales cuyos trabajos comenzaron en 1950. Cuatro años después, el 15 de agosto de 1954, fue inaugurada oficialmente la Catedral de Sal.

Los diseños de la Basílica corrieron por cuenta del arquitecto bogotano  Roswell Garavito Pearl. Su propuesta fue escogida de entre 44 proyectos presentados a la convocatoria. La parte de ingeniería fue apoyada por el profesional, también bogotano, Jorge Enrique Castelblanco Reyes.

Hoy, la Catedral de Sal de Zipaquirá, se constituye en uno de los escenarios más buscado por los viajeros y piadosos durante Semana Santa, incluyendo importante número de extranjeros.

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Bojacá: Santuario de Nuestra Señora de la Salud

Dentro de los escenarios religiosos de alta visita durante Semana Santa se encuentran el Santuario de Nuestra Señora de la Salud. Los actos de los Días Santos son organizados por la Parroquia de San Lorenzo Mártir.

El origen de ese Centro Religioso se remonta al siglo XVII, una vez su mentor, el español José Pérez, se instaló en las haciendas donde, años después, se levantó la población de Bojacá. Allí también fue construida una capilla que, poco a poco, alcanzó importante connotación espiritual.

Todo comenzó en 1756 una vez Don José, profundo devoto de la Virgen, solicitó a sus familiares en España que le enviaran un cuadro realizado por el mejor pintor disponible. Al recibirlo, lo instaló con gran devoción en la pequeña capilla de su hacienda Cortés, dando inicio a un culto que, poco a poco, fue alcanzando mayor número de adeptos.

Los favores y milagros atribuidos a la intercesión de Nuestra Señora de las Angustias fueron resaltados dentro de sus seguidores. Se fortaleció la fe de la comunidad y convirtió la capilla en un lugar de peregrinación para los fieles que buscaban, y buscan, de consuelo y bendiciones.

Hoy en día, el Santuario de Nuestra Señora de la Salud, o de las Angustias, es un sitio de alta peregrinación durante Semana Santa.

Guaduas: Semana Santa Guaduera

La celebración de la Semana Santa en Guaduas se encuentra en la categoría de Patrimonio Inmaterial. Su tradición se remite a la época colonial de acuerdo a referencias históricas y conforme a lo previsto IA.

No es solo una festividad religiosa; es un viaje en el tiempo hasta siglos atrás cuando la religión era el eje central de la vida cotidiana. En esos términos se refieren los entendidos en esta clase asuntos. Por esa razón y por otros valores piadosos, la Celebración de los Días Santos en Guaduas es uno de los escenarios más visitados para la temporada en Cundinamarca.

Una de las características, además de especial particularidad, consiste en las serenatas que los piadosos ofrecen al  Santísimo. Por ello se convierte en  emotiva muestra de veneración. Además, los visitantes  llevan frutos de su labor agrícola como ofrenda.

La Semana Santa Guaduera, en realidad, es un tesoro cultural que despierta la admiración de propios y extraños. Es más que una celebración; es un legado vivo que se transmite de generación en generación.

Nemocón y los Espejos de Salmuera

Es este un escenario de particular atractivo dentro de la celebración de la Semana Santa. Las calles empedradas del municipio le imprimen un carácter de particular característica durante los días de Crucifixión del Hijo de Dios.

Más que un simple yacimiento, este lugar pasó a ser epicentro de cultura e historia; la tradición se entrelaza con la modernidad en un escenario único.

La Mina de Sal de Nemocón es, literalmente, una maravilla de la ingeniería. Se ha convertido en un espacio para los amantes de la fotografía gracias a su juego de luces y sombras, reflejos y texturas que adornan sus galerías. Cada rincón se convierte en una oportunidad para capturar la belleza subterránea y compartir experiencias únicas en las redes sociales.

Se constituye en un espacio de reposo durante el peregrinaje de quienes recorren el departamento.

Chía: Capilla de Nuestra Señora de la Valvanera

La ermita comenzó a ser levantada el 6 de enero de 1937 por iniciativa del padre Alejandro Jiménez, según las referencias históricas más conocidas. Ese día bendijo el inicio de la obra en el Cerro de la Cruz, en límites con Tenjo.

Desde allí se alcanza a observar muy buena parte de la Sabana de Bogotá. En época precolombiana era un punto de observación de los indígenas que poblaban la zona.

El santuario fue levantado siguiendo una decisión adoptada por los jefes de la Iglesia Católica en España. Decidieron ubicar una especie de réplicas en América, particularmente en Colombia. Para ello escogieron las ciudades de  Cali, Pereira, Manizales y Chía.

Desde entonces, la Capilla de Nuestra Señora de la Valvanera comenzó a ser tomada como un punto preferido por los creyentes para renovar su vocación espiritual. El sitio, durante la Semana Santa, recibe centenares, si no miles, de piadosos provenientes de Cundinamarca y Colombia si descotar a los extranjeros.

La historia de la Virgen de la Valvanera tiene origen en la localidad de Anguino, nororiente de España,  próximo al Canal de la Mancha que separa a la península ibérica con Inglaterra. Allí, un hombre entregado a los vicio, a la vida mundana y a la perdición, según la leyenda, se encerró en una cueva para dedicarse a la oración y suplicar por su recuperación.

Entonces, en respuesta a las suplicas del dolido pecador, llamado Nuño, hizo aparición la Madre de Dios atendiendo sus súplicas.  Así nació la Congregación que perpetúa el nombre de la Virgen de la Valvanera.

Sopó: Iglesia del Divido Salvador y Santuario del Señor de la Piedra

El primero de ellos, la Iglesia del Divido Salvador, se constituye en unode centros piadosos más antiguos de la Sabana de Bogotá y, por consiguiente, de Cundinamarca. Su historia se encuentra rodeada de versiones sobre hechos considerados milagrosos por buen número de creyentes.

Además de estos aspectos sobrenaturales, en su nave principal se encuentra una colección única de arte colonial del siglo XVII: “los 12 Arcángeles de Sopó". Estas obras maestras son testimonio del rico patrimonio cultural que alberga el lugar.

Un aspecto adicional al legado religioso hace referencia a la donación del reloj que, en cierta medida, domina su fachada. El regalo corrió por cuenta del entonces presidente de la república, Marco Fidel Suárez.

En cuanto al Santuario de Nuestro Señor de la Piedra, la historia se remonta al año 1753. Se dice que el 3 de diciembre de ese año, una mujer, Rosa Nieto, lavandera de oficio, se encontró una piedra con la Imagen Celestial; se asume que correspondía al Señor Jesucristo. Sucedió en la quebrada La Moya.

Además, el mismo relato dice que poco después, ya de noche y cuando la trabajadora en cuestión se aprestaba a dormir, de un momento a otro, la roca lanzó inexplicables destellos; se iluminó.  

La mujer contó lo sucedido al párroco de entonces, Raimundo Forero de Chávez, quien experimentó la restauración de su visión. Según el relato, el sacerdote pudo contemplar la imagen de Jesucristo en un momento de su agonía. La representación mostraba el fin de la flagelación, con los verdugos cortando la soga que lo ataba a la columna, yaciendo desfallecido entre su propia sangre y coronado de espinas.

Ese relato quedó registrado en el libro de Cofradías de la Parroquia en marzo de 1754. Buen tiempo después, el 25 de junio de 1871, ese relato fue publicado en el periódico La Unión Católica de Bogotá.

Al Señor de La Piedra le atribuyen sinnúmero de hechos sobrenaturales que alcanzan dimensiones de milagro según los creyentes. Hoy en día, ese Santuario es ampliamente visitado durante la Semana Santa.

Tocancipá: Iglesia Nuestra Señora de Fátima – Caballeros de la Virgen

Uno de los templos con más lustro, llamativa arquitectura y colorido es la Iglesia de Los Caballeros de la Virgen, o de Nuestra Señora de Fátima. Su historia es reciente.

Monseñor João S. Clá Dias, brasilero, con su visión y liderazgo, supervisó cada aspecto del proceso. Quiso asegurarse que el templo reflejara la luz y el color de la fe que inspira a los creyentes. Desde su concepción, esta iglesia ha sido tomada como un lugar de encuentro para los fieles, donde la fe y la esperanza se manifiestan en cada detalle arquitectónico.

Parroquia Nuestra Señora del Tránsito en Tocancipá

La imagen de la Virgen del Milagro, venerada por generaciones de tocancipeños, ocupa un lugar central en el altar mayor de la iglesia. Se encuentra  adornada con una corona de oro y esmeraldas donada por la comunidad indígena. Es un símbolo de la fusión entre las antiguas creencias y la fe católica.

En su presencia, los fieles encuentran consuelo y fortaleza renovando su compromiso con la madre celestial. Fue entregada a la comunidad religiosa el 8 de agosto del 2015.

Ubaté: Basílica Menor del Santo Cristo

El templo es considerado una joya de la Nueva Granada.  Lo toman como un monumento que “fusiona historia, devoción y arquitectura gótica con detalles barrocos”.

Para los creyentes, algunos de quienes allí han entregados sus plegarias y súplicas especiales, han recibido favores Divinos cuya razón no ha podido ser explicados en el mundo del hombre.

Los primeros cimientos del templo fueron colocados en 1693 en el marco de la plaza principal por los entonces conocidos como Frailes Menores. Cuenta la historia que, por esos mismos tiempos, “tuvo lugar el milagroso suceso de la renovación de un crucifijo, esculpido por el platero don Diego de Tapia”.  Ello marcó el inicio de una devoción especial hacia el Santo Cristo de Ubaté.

Así, a comienzos del pasado siglo, las comunidades decidieron levantar un nuevo tempo, una Basílica “que estuviera a la altura de la importancia espiritual y cultural del Santo Cristo”.

Entonces, los diseños originales, elaborados por el arquitecto Luis María Ferresa,  le fueron remitidos a su colega neerlandés Antonio Stoute, quien los modificó imprimiéndole trazos  dentro del estilo “gótico flamígero con toques barrocos”.

Años después, en 1939, las obras en la Basílica culminaron. En su decorado intervinieron, de forma espacial, grandes artistas de la época: el ingeniero y decorador de apellido Romelli, y los pintores Eulogio y Jaime Rodríguez.

Tras esa intervención, finalmente, los sacerdotes Uriel y Gustavo Rodríguez recibieron la parroquia en 1931. Ellos jugaron papel determinante en la finalización de la obra. Poco después, tras la llegada e instalación de los vitrales, elaborados y enviados desde Bruselas, Bélgica, la Basílica Menor del Santo Cristo de Ubaté fue inaugurada y consagrada. Desde entonces recibe miles de visitantes, en especial durante los Días Santos.

Guasca: Basílica Menor - Iglesia de San Jacinto

Su historia se remonta a al siglo XVI. Fue levantada por los frailes Dominico como parte de su misión evangelizadora al oriente de Cundinamarca. En un principio, también fue conocida como la Capilla Siecha (hombre de agua), una acepción nativa relacionada con la laguna del mismo nombre ubicada en esa misma zona.

Con los años, el templo fue objeto de ampliaciones y transformaciones, hasta que en 1778 fue erigido como parroquia de blancos por el visitador Moreno y Escandón. Sin embargo, sus archivos más antiguos datan desde 1672, cuando Fray Pedro de Aranda comenzó a registrar los bautizos, entierros y casamientos de la comunidad.

En su interior, en la parte más destacad del altar, aparece la imagen, en realidad una reliquia, del Santo Cristo Milagroso de Guasca. Es una figura tallada por Eladio Montoya; desde entonces ha sido motivo de veneración por más de un siglo.

La figura sagrada, elaborada con maderas provenientes de las montañas de Siecha, fue tallada  por el artesano Francisco Antonio Peña y sus hijos, nativos de Guasca, a principios del siglo XX.

La devoción hacia el Santo Cristo de Guasca se entrelaza con numerosas historias de milagros, transmitidas de generación en generación por los habitantes de la región. De igual manera, se cuenta que el Retablo del Milagroso San Francisco de Paula, un lienzo encontrado en una casa de la vereda Flores.

Fusagasugá: El Alto de la Cruz

Es esta una historia con valor espiritual y social. Aunque con menos lustre arquitectónico, por ahora, comenzó a escribirse el miércoles Santo (18 de abril) de 1973.

Un grupo de jóvenes amigos, habitantes de La Aguadita, sin proponérselo, resultaron envueltos en una charla espontánea pero cargada de sentimiento espiritual. Fue más un momento de reflexión; ocuparon sus pensamientos en el significado de la Semana Santa y la falta de un escenario adecuado, para esos Días,  en el Lugar.

Entonces, alguno de ellos recordaron otros lugares de particular significado religioso: Monserrate y el Cerro de Guadalupe en Bogotá. Se fijaron en la vistosa montaña tutelar en su territorio: La Aguadita. Marca el límite entre esa inspección y Silvania.

Un breve debate les permitió acordar que levantarían una Cruz en la parte más alta, tarea que cumplirían al día siguiente, Jueves Santo. Así lo hicieron. Temprano, volvieron a encontrarse para emprender el ascenso.

Tal como lo habían acordado llevaron martillos, cuerdas, y los elementos necesarios para cortar madera. Subieron y construyeron una Cruz de uno 10 metros de alto, suficiente para que alcanzara a ser vista desde lejos. Eran ellos Omar Cárdenas, los hermanos Pedro, Luis Alberto y Julio Aya al igual que Omar Rodríguez.

Al día siguiente, ya con un número más grande de acompañantes, el Viernes Santos, entre 10 y 20 creyentes que habían sido testigos de lo sucedido, emprendieron la que fue la primera romería hacia el Alto de la Cruz.

A partir de entonces, cada año, el Viernes Santo, importante número de feligreses se desplazan desde Fusagasugá, Silvania, el Sumapaz, Bogotá y varias poblaciones de Cundinamarca hacia el Alto de la Cruz.