La UAESP lideró operativos de limpieza con Ecopuntos móviles, barrido, lavado y mantenimiento del espacio público. La estrategia busca recuperar entornos afectados por el arrojo clandestino y fortalecer la cultura ciudadana de Bogotá.
En el marco de las acciones permanentes para mantener limpia la capital, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) adelantó una serie de operativos en distintas localidades de Bogotá que han permitido la recolección de más de 8.000 toneladas de residuos especiales provenientes de puntos críticos y zonas afectadas por el arrojo clandestino.
La intervención incluyó la instalación de 62 Ecopuntos móviles, dispuestos estratégicamente para que la ciudadanía pudiera depositar sus residuos de manera adecuada. Estos puntos han tenido una alta acogida y se han convertido en una herramienta clave para descentralizar la disposición final de desechos de gran volumen.
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Adicionalmente, se recolectaron 41.745 toneladas de residuos ordinarios, se realizó el mantenimiento de 17.600 cestas públicas y se ejecutaron 158.131 kilómetros de barrido manual y mecánico en diferentes corredores viales y espacios públicos.
El balance también arroja 854 áreas lavadas, 4.960 individuos arbóreos podados y 840 llantas fuera de uso recuperadas, estas últimas especialmente problemáticas por su difícil degradación y por convertirse en focos de propagación de vectores.
Ecopuntos móviles y lucha contra el arrojo clandestino
Uno de los ejes centrales de la estrategia ha sido la disposición de Ecopuntos móviles en puntos estratégicos de la ciudad. Estas unidades permiten a los ciudadanos entregar residuos especiales como escombros, muebles, colchones y elementos de gran tamaño que usualmente terminan arrojados en lotes baldíos, separadores viales y rondas de quebradas.
La UAESP ha insistido en que la recolección de más de 8.000 toneladas de estos residuos evidencia no solo la magnitud del problema, sino también la efectividad de los operativos cuando se combinan con pedagogía y presencia institucional sostenida.
“Cada acción en territorio contribuye a recuperar espacios, prevenir el arrojo clandestino y fortalecer la cultura”, señaló la entidad en un comunicado.
El arrojo ilegal de escombros y residuos sólidos es una de las infracciones más recurrentes en Bogotá y una de las que mayores costos representa para la administración distrital. Además del impacto visual y ambiental, estos puntos críticos afectan la movilidad peatonal y vehicular, generan malos olores y deterioran la calidad de vida de los vecinos.
Barrido, lavado y mantenimiento: el trabajo silencioso que sostiene la ciudad
Más allá de las grandes cifras de recolección, la UAESP destacó el trabajo cotidiano de mantenimiento urbano. Los 158.131 kilómetros de barrido equivalen a dar casi cuatro vueltas completas al planeta Tierra. Este esfuerzo continuo, muchas veces invisible para los ciudadanos, es ejecutado por cientos de operarios que recorren diariamente las calles de las 20 localidades.
El lavado de 854 áreas incluyó puentes peatonales, plazoletas, parques y entornos escolares, con el objetivo de recuperar el espacio público como escenario de encuentro y recreación. La poda de más de 4.900 árboles, por su parte, responde no solo a criterios estéticos sino de seguridad, prevención de riesgos y salud arbórea.
En cuanto a las llantas fuera de uso, la recuperación de 840 unidades evitó que estas terminaran en humedales, ríos o rellenos ilegales. Las llantas recuperadas son entregadas a gestores autorizados para su aprovechamiento, en línea con los objetivos de economía circular que impulsa el Distrito.
El llamado a la corresponsabilidad ciudadana
Pese a los avances, las autoridades insisten en que ninguna estrategia de limpieza será sostenible sin un cambio profundo en los hábitos de disposición de residuos. El arrojo clandestino no es solo una infracción, es un delito que afecta el patrimonio de todos y que le cuesta miles de millones de pesos anuales al erario distrital.
La UAESP habilitó la Línea 110 como canal exclusivo para que la ciudadanía reporte puntos críticos, arrojo ilegal de escombros y acumulaciones irregulares de residuos. Este canal opera de manera articulada con las empresas operadoras de aseo y con las alcaldías locales para garantizar una respuesta oportuna.
“Tu ayuda es fundamental. Recuerda no arrojar basuras ni residuos en las calles. Si conoces algún punto que requiera intervención, genera tu reporte en los canales oficiales”, reiteró la entidad.
La línea 110 recibe denuncias anónimas, pero se recomienda aportar la mayor cantidad de información posible: dirección exacta, tipo de residuos, presuntos infractores, horarios recurrentes y evidencia fotográfica o de video. Esta información permite no solo la limpieza del punto, sino también el inicio de procesos sancionatorios contra los responsables.
Una ciudad que avanza, pero que aún enfrenta grandes retos
Las más de 8.000 toneladas de residuos especiales retiradas de puntos críticos son una cifra contundente. Pero también son la evidencia de que el problema persiste. Mientras la administración destina recursos y personal a recuperar espacios, nuevos focos de arrojo clandestino aparecen en otros sectores.
La UAESP ha señalado que la solución de fondo pasa por fortalecer la educación ambiental, aumentar la fiscalización y endurecer las sanciones. En lo corrido del año, se han impuesto decenas de comparendos ambientales, pero aún es baja la percepción de riesgo entre quienes arrojan residuos ilegalmente.
Bogotá produce más de 6.000 toneladas diarias de residuos sólidos, de las cuales una parte significativa termina en el Relleno Sanitario Doña Juana. Sin embargo, miles de toneladas adicionales son dispuestas ilegalmente en espacio público, humedales, rondas de ríos y terrenos baldíos.
Frente a este panorama, la estrategia de Ecopuntos móviles, el refuerzo del barrido y el mantenimiento de cestas públicas son pasos en la dirección correcta. Pero el desafío sigue siendo cultural. La ciudad limpia no es solo la que más se barre, sino la que menos se ensucia.
Mientras tanto, los operarios continúan su labor. Con escoba, carreta, hidrolavadora y motosierra, recuperan palmo a palmo el espacio público. Cada tonelada retirada, cada árbol podado, cada cesta reparada es un recordatorio de que la limpieza de Bogotá es una tarea colectiva.
Y la línea 110 sigue sonando.
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