En un hecho sin precedentes, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) ha centrado su mirada y esperanzas en el municipio de Cabrera, Cundinamarca, donde por primera vez se realizó una intervención en el Cementerio Municipal con el fin de devolver nombres y memorias a aquellos arrancados por el conflicto armado. Este esfuerzo conjunto no solo involucró a expertos y autoridades, sino también al corazón y alma de la comunidad, incluyendo a Javier Alberto Rivera, quien durante 27 años se desempeñó como inspector de Policía de Cabrera.
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La misión, cargada de humanidad y ciencia, contó con la participación activa de familiares en busca de sus seres queridos desaparecidos, ofreciendo no solo un rayo de esperanza, sino también un proceso de sanación colectiva. El equipo de la UBPD, equipado con especialistas en diversas disciplinas, desde antropología hasta odontología forense, logró identificar seis sitios clave y recuperar siete cuerpos, algunos de los cuales ya fueron entregados al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Este proceso de búsqueda y dignificación de los desaparecidos es un testimonio del cambio en Cabrera; de ser estigmatizado como corredor de actores del conflicto a finales del siglo pasado, hasta sus esfuerzos actuales por ser reconocido como cuna de paz. La intervención se llevó a cabo con el apoyo de las autoridades municipales, la diócesis de Girardot, y la parroquia de San José de Cabrera, reflejando una unión de esfuerzos entre la iglesia, el gobierno y la sociedad civil.
La contribución de Rivera es particularmente emotiva, ya que su labor de décadas como único inspector en Cabrera le permitió documentar actos de humanidad en medio de la adversidad, asegurándose de que quienes perdían la vida en el conflicto fueran tratados con dignidad, sin importar su identidad. "Sabíamos que eran hijos de campesinos y que teníamos que, como tal, tratarlos, enterrarlos dignamente", compartió Rivera, evocando el respeto y cariño con el que la comunidad se unió en esos momentos de dolor.
El alivio que siente una madre al saber que finalmente se ha encontrado a su hijo desaparecido desde 1994 es un poderoso recordatorio de la importancia de estas intervenciones. No solo se busca ofrecer respuestas, sino también cerrar heridas abiertas por décadas, permitiendo que las familias y la comunidad avancen hacia la reconciliación y la paz.
La UBPD se apoyó en procedimientos meticulosos y tecnología de punta para agilizar la identificación de los cuerpos, subrayando la importancia de integrar métodos científicos en el proceso de búsqueda. "Es un procedimiento que nos permite agilizar el procesamiento de la información con fines de identificación", explicó Karen Quintero, antropóloga forense de la Unidad.
Además de las recuperaciones, se realizaron tomas de muestras biológicas y se procesaron nuevas solicitudes de búsqueda, demostrando el efecto multiplicador de estas iniciativas en las comunidades afectadas.
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