Bogotá atraviesa actualmente una temporada de precipitaciones considerablemente superiores a lo habitual, situación que ha puesto en alerta a diversas zonas de la ciudad. El incremento registrado en las lluvias, calculado en un 160% respecto al promedio histórico para los meses de enero y febrero, ha intensificado la vigilancia y las acciones preventivas en toda la capital.
Según cifras proporcionadas por el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos (IDIGER), esta variación en los registros pluviométricos se refleja en casos como el sucedido en Usaquén, donde, en menos de una hora y diez minutos, cayó más de dos tercios del agua estimada para todo un mes en ese sector. Este comportamiento poco usual del clima ha provocado afectaciones directas en numerosos hogares repartidos en diferentes localidades.
Kennedy figura entre las zonas más impactadas por la reciente ola invernal. En el sector de Rubí, Roma, el colapso de una vivienda obligó a que una familia buscara refugio temporal con allegados, tras una serie de solicitudes previas de atención ante el riesgo advertido. El líder barrial Leonel Corredor relató que el tema había sido eje de conversaciones continuas por parte de la comunidad con las autoridades correspondientes.
El panorama de lluvias continuas ha motivado reportes similares en otras localidades como San Cristóbal y nuevos episodios en Usaquén, donde las inundaciones han tendido a concentrarse en horarios vespertinos, dificultando las labores cotidianas de diversos residentes. Los operativos distritales se han fortalecido para responder de forma oportuna a los llamados de emergencia que han surgido en distintos puntos de la ciudad.
Entre las acciones llevadas a cabo por las autoridades se destacan:
- Intensificación del monitoreo en zonas históricamente vulnerables.
- Intervención inmediata en áreas donde se han presentado daños materiales recientes.
- Seguimiento técnico a las solicitudes de la comunidad sobre riesgos estructurales y encharcamientos.
Este evento se enmarca en una tendencia observada no solo en Bogotá, sino también en otras regiones de Colombia y del hemisferio, evidenciando un comportamiento climático atípico que ha modificado los patrones tradicionales de lluvia. El panorama local ha llevado a que los equipos de emergencia permanezcan atentos a la identificación y revisión de áreas susceptibles ante nuevos eventos.
Se mantiene la vigilancia destinada a precisar las causas y el alcance de los incidentes recientes, así como la recopilación de datos para definir las próximas estrategias de protección y mitigación en favor de las familias más expuestas. Las labores de inspección continúan enfocadas en evitar futuros colapsos y reducir los posibles perjuicios frente a la temporada invernal en desarrollo.









