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Pacto por el agua: La alianza que protege los ecosistemas vitales de Cundinamarca

por: Redacción Cundinamarca

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La preservación del recurso hídrico en Cundinamarca ha alcanzado un nuevo nivel de compromiso con una alianza de conservación en cinco municipios estratégicos: Sesquilé, Guatavita, Guasca, La Calera y Fómeque. Estas localidades, ubicadas en las zonas de influencia del Páramo de Chingaza y el Embalse de Tominé, son fundamentales para garantizar el suministro de agua potable tanto para el departamento como para la capital del país. La estrategia, denominada "Incentivos a la Conservación", ha logrado articular a la Gobernación, la Alcaldía de Bogotá y diversas entidades privadas en una causa común.

Inversión y cobertura: Protegiendo la fábrica de agua del altiplano

Durante los últimos tres años, el proyecto ha canalizado una inversión superior a los $5.700 millones, impactando directamente sobre 3.706 hectáreas de tierra de alto valor ecológico. El modelo utilizado es el de Pagos por Servicios Ambientales (PSA), un esquema innovador que reconoce económicamente a las familias campesinas por su labor como guardianes de los bosques y nacimientos de agua. Actualmente, 106 familias se han vinculado voluntariamente al proceso, recibiendo incentivos técnicos y financieros que suman cerca de $1.700 millones.

Más allá del pago: Infraestructura y restauración para las comunidades

Más allá del pago directo, el programa ha financiado infraestructura básica necesaria para mejorar la calidad de vida en el campo. Esto incluye la instalación de sistemas sépticos, bebederos para ganado y tanques de almacenamiento de agua, permitiendo que las actividades productivas de las comunidades rurales se realicen de manera sostenible y sin afectar los ecosistemas protegidos. Además, se han adelantado procesos de restauración ecológica con la siembra de miles de especies nativas, buscando recuperar suelos degradados y mitigar los efectos del cambio climático.

La fuerza de la alianza: Corresponsabilidad público-privada

La colaboración institucional es el motor de este éxito. Entidades como el fondo Alianza BioCuenca, la Fundación Santo Domingo y la corporación Agua Somos han aportado recursos y experiencia técnica para que el proyecto sea viable a largo plazo. Esta corresponsabilidad asegura que los esfuerzos no sean aislados, sino que formen parte de una visión regional de sostenibilidad hídrica. Proteger el agua desde su origen en el páramo es una inversión mucho más eficiente que tratar de remediar su escasez en el futuro.

Para las comunidades de Cundinamarca, estos acuerdos representan una oportunidad de desarrollo que respeta su identidad rural y protege su patrimonio natural. El éxito en Chingaza y Tominé demuestra que es posible generar un equilibrio entre el bienestar humano y la salud de los ecosistemas. Al finalizar 2025, el departamento se posiciona como un líder nacional en la gestión del agua, basando su estrategia en la confianza, el incentivo y la participación activa de quienes conviven directamente con la naturaleza.