miércoles, 25 febrero de 2026
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Atacan a tiros a funcionarios de la CAR en Villapinzón: la defensa del oso andino desata grave violencia e intimidación

por: Redacción Cundinamarca

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La labor de proteger la fauna silvestre en Cundinamarca se ha topado con un preocupante episodio de violencia. Lo que debía ser una tarea técnica de seguimiento a la presencia de un oso de anteojos en la vereda Soatama, en el municipio de Villapinzón, se convirtió en un grave atentado contra la integridad de los funcionarios públicos. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) denunció que sus técnicos de fauna silvestre fueron recibidos con disparos, amenazas e intimidaciones mientras desarrollaban su labor en la cuenca alta del río Bogotá.

El director general de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, salió al paso de los hechos con un mensaje contundente a la opinión pública, en el que no solo denunció la agresión física, sino también una campaña de desprestigio en su contra por parte de miembros del Concejo Municipal de Villapinzón.

"Con profundo pesar debo informar a la opinión pública que funcionarios de la CAR han sido objeto de amenazas, agresiones y disparos en la vereda Soatama del municipio de Villapinzón, en desarrollo de labores de protección de fauna silvestre", declaró Ballesteros.

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Amenazas desde el Concejo: la denuncia se extiende al ámbito institucional

El ataque armado no fue el único frente de agresión. El director de la CAR amplió su denuncia para incluir a miembros de la corporación edilicia del municipio, a quienes acusó de protagonizar una campaña de intimidaciones y calumnias contra la entidad y sus funcionarios.

"Debo denunciar que estamos siendo también objeto de intimidaciones y calumnias por parte de miembros del Concejo Municipal de Villapinzón, situación que será denunciada a la Procuraduría General de la Nación y a las autoridades competentes", afirmó Ballesteros.

El alto funcionario fue enfático al recordar el deber legal y ético de los servidores públicos: "Los concejales son servidores públicos que están obligados a respaldar la labor de las autoridades ambientales, no a calumniar y a poner en riesgo la vida de los funcionarios de la Corporación Autónoma Regional". En consecuencia, la CAR anunció que pondrá en conocimiento de las autoridades disciplinarias y penales los hechos para que se determinen las responsabilidades correspondientes.

Un deber misional: proteger al oso andino, indicador de ecosistemas saludables

Detrás de la agresión hay una labor fundamental que la CAR está obligada a cumplir por ley: la protección y defensa de la fauna silvestre. La presencia de un oso de anteojos (también conocido como oso andino) en la cuenca alta del río Bogotá no es una mala noticia, sino todo lo contrario. Se trata de una especie emblemática de los ecosistemas altoandinos y de páramo, y su avistamiento es un indicador positivo de que los esfuerzos de restauración y conservación de hábitats están dando resultados.

La CAR, en cumplimiento de su objeto misional, tiene el deber de proteger a esta especie, máxime cuando su presencia en áreas cercanas a comunidades puede generar conflictos. La respuesta institucional debe ser la prevención, el monitoreo y la educación, no la persecución de quienes cumplen la ley.

Precisamente, a finales de enero, la CAR había firmado el Pacto por la Protección del Oso Andino, un acuerdo mediante el cual autoridades ambientales, gobiernos locales y actores del territorio se comprometieron a aunar esfuerzos para la conservación, protección y manejo del corredor biológico de esta especie. En ese marco, se entregaron herramientas pedagógicas y de monitoreo, incluyendo cuatro cámaras trampa FLEX-M, para fortalecer el seguimiento científico y comunitario.

Un llamado a la convivencia: el oso no es el enemigo

El director Ballesteros aprovechó su declaración para hacer un llamado a la cordura y a la convivencia pacífica entre las comunidades y la fauna silvestre. "El oso andino no es nuestro enemigo. Es parte de nuestra historia, nuestro entorno y nuestra riqueza natural. Podemos protegerlo sin dejar de proteger nuestros medios de vida", enfatizó.

El Pacto firmado semanas atrás representa justamente ese espíritu: un compromiso real con la vida, la biodiversidad y la armonía. Sin embargo, los recientes hechos de violencia demuestran que aún hay un largo camino por recorrer para que algunas comunidades y sus representantes comprendan que la presencia del oso es una oportunidad, no una amenaza.

Mientras tanto, la CAR, a pesar de las balas y las amenazas, reiteró que no cesará en su deber de proteger la fauna silvestre. Las autoridades competentes deberán ahora esclarecer los hechos, proteger la vida de los funcionarios públicos y garantizar que quienes anteponen intereses particulares a la conservación del patrimonio natural enfrenten las consecuencias de sus actos.

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