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Campesinos de Cundinamarca incrementan sus ganancias mediante compras públicas directas

por: Redacción Cundinamarca

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El campo de Cundinamarca es escenario de una transformación silenciosa pero profunda en sus modelos de comercialización, una que está redefiniendo las reglas del juego a favor de quien trabaja la tierra.

Gracias a la consolidación estratégica del esquema de compras públicas locales, las asociaciones y cooperativas campesinas han logrado un objetivo históricamente esquivo: romper la dependencia de los intermediarios o acopiadores tradicionales, figuras que por décadas han capturado una porción significativa del valor final de los productos.

Ahora, los agricultores venden sus cosechas de manera directa, segura y a precios justos a grandes compradores anclados en el Estado, como hospitales, colegios públicos, comedores comunitarios, cárceles y las propias entidades territoriales del departamento.

Este canal comercial no solo ofrece un mercado garantizado, sino que dignifica la labor del campesino al reconocer el valor real de su producción, acortando dramáticamente la cadena de intermediación y logrando que un mayor porcentaje del dinero que se paga por los alimentos llegue finalmente a las manos de quienes los siembran y cosechan, impulsando así la economía local y la soberanía alimentaria.

Balance 2025: Cifras contundentes de un modelo exitoso

Los resultados del año 2025 ofrecen una radiografía contundente del éxito y la escala que ha alcanzado esta estrategia departamental.

El balance financiero revela que las operaciones comerciales directas entre asociaciones campesinas e instituciones públicas superaron la barrera de los $4.000 millones en volumen total de transacciones.

Esta cifra millonaria no es abstracta; se traduce en beneficios directos para un total de 1.244 campesinos cundinamarqueses de diversas regiones, quienes encuentran en este modelo una alternativa viable y rentable.

Estos productores se encuentran organizados en 53 asociaciones productivas formalizadas, de las cuales 38 ya han logrado consolidar y ejecutar contratos de compraventa efectivos con el Estado, demostrando capacidad de oferta, calidad y cumplimiento.

El impacto más celebrado y tangible, sin embargo, se refleja en el bolsillo del productor: un análisis comparativo realizado por la Gobernación indica que, en promedio, los campesinos participantes en el programa recibieron un 30,2 % más de ingresos netos por sus productos vendidos directamente desde la finca, en comparación con los precios tradicionalmente deprimidos que ofrecían los intermediarios en la plaza de mercado o a la orilla de la carretera.

Ampliación del catálogo de productos frescos y agrotransformados

Para sostener y profundizar este logro, la Gobernación de Cundinamarca, a través de su Agencia de Comercialización, no se ha detenido. En los últimos meses ha intensificado la organización de rondas de negocios y encuentros B2B (negocio a negocio) entre los operadores institucionales (los compradores) y los aliados comerciales campesinos (los vendedores), con el fin de diversificar y ampliar continuamente el catálogo de abastecimiento.

El énfasis estratégico actual está en potenciar dos líneas claras: por un lado, los productos frescos y de pan coger de alta calidad y cosecha reciente, como hortalizas, frutas, tubérculos y legumbres; por otro lado, los agrotransformados, es decir, aquellos productos que han pasado por un primer nivel de procesamiento (como mermeladas, salsas, arepas, café tostado o lácteos), los cuales agregan valor, tienen mayor vida útil y permiten a las asociaciones campesinas incursionar en la agroindustria rural.

Esta estrategia integral no solo busca mejorar la rentabilidad del campo, sino también garantizar un mercado estable, predecible y de mayor escala para las familias rurales, asegurando la sostenibilidad económica de sus unidades productivas y promoviendo un abastecimiento alimentario más resiliente y de proximidad para las instituciones públicas.

Infraestructura vial y estabilidad económica para el campo

El programa de compras públicas no opera en un vacío logístico; se complementa de manera estratégica con una de las apuestas más fuertes de la administración departamental: las mejoras masivas en la infraestructura vial secundaria y terciaria.

La rehabilitación y mantenimiento de estas vías, que son las arterias que conectan las fincas con las cabeceras municipales y las vías principales, facilitan el traslado oportuno, en buenas condiciones y a menor costo de las cosechas desde los puntos de producción hacia los centros de acopio, distribución y consumo.

El mandatario regional ha destacado en múltiples escenarios que el objetivo primordial de su gobierno es que el campo cundinamarqués no sea solo una zona de producción de materias primas, sino un motor dinámico de estabilidad económica, prosperidad compartida y desarrollo territorial equilibrado.

En este modelo, los recursos públicos, a través de las compras estatales, invierten directamente en la economía local y empujan un círculo virtuoso: mejores precios al productor incentivan mayor producción y calidad; una producción fortalecida satisface de mejor manera la demanda institucional; y las obras de conectividad aseguran que este intercambio comercial sea fluido y eficiente, impulsando así el bienestar integral de quienes trabajan la tierra, que son el fundamento último de la seguridad y la soberanía alimentaria de la región.