La conservación de la biodiversidad en la región central de Colombia marca un hito con una iniciativa de cooperación interinstitucional sin precedentes.
En un acto cargado de simbolismo y compromiso, celebrado en el municipio de Villapinzón, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) lideró la firma del Pacto por la Protección del Oso Andino, una especie catalogada como vulnerable y considerada fundamental para la salud de los ecosistemas de páramo y bosque altoandino.
Este acuerdo estratégico trasciende las fronteras administrativas para garantizar la preservación, el manejo adecuado y, sobre todo, la conectividad del corredor biológico que utiliza esta especie emblemática en su desplazamiento entre los departamentos de Cundinamarca y Boyacá.
El pacto representa un esfuerzo conjunto para armonizar las actividades productivas con la conservación, reconociendo al oso no como un competidor, sino como un indicador de la riqueza natural y un patrimonio vivo que requiere esfuerzos coordinados para su supervivencia a largo plazo, involucrando a todos los actores con incidencia en el territorio.
Compromiso institucional por la convivencia con la fauna silvestre
La firma del pacto congregó a una representación institucional de alto nivel, evidenciando la importancia política que se le otorga a la iniciativa.
En el acto estuvieron presentes el Director General de la CAR, el Gobernador de Boyacá, delegados de la Gobernación de Cundinamarca, y los alcaldes de diez municipios de ambos departamentos cuyos territorios son clave en el hábitat del oso, como Guachetá, Chocontá y Raquira, entre otros.
La presencia no se limitó a lo gubernamental; también se sumaron actores sociales clave como representantes de la Iglesia católica y líderes comunitarios y ambientales de la zona, reforzando el mensaje de que la conservación es una responsabilidad compartida y transversal.
"El oso andino no es nuestro enemigo; es parte fundamental de nuestra historia, nuestra identidad cultural y nuestra riqueza natural", declaró el director de la CAR durante su intervención, enfatizando la necesidad urgente de pasar de la confrontación a la convivencia armónica, donde las prácticas agropecuarias se realicen de manera compatible con la preservación de la fauna.
Refuerzo tecnológico para el monitoreo científico participativo
Para traducir el compromiso político en acciones concretas de conocimiento y protección, la CAR dotó a la iniciativa con herramientas tecnológicas de vanguardia.
Como un pilar tangible del pacto, la corporación hizo la entrega formal de cuatro cámaras trampa modelo FLEX-M de última generación, equipos de alta sensibilidad y resistencia a las condiciones climáticas de la montaña.
Estos dispositivos quedaron bajo la custodia operativa de la Alcaldía de Villapinzón y su dedicado cuerpo de guardabosques, quienes serán los encargados de su instalación estratégica en puntos críticos del corredor biológico.
Las cámaras permitirán un seguimiento detallado, no intrusivo y continuo no solo de los movimientos del oso andino, sino también de otras especies asociadas como el venado cola blanca o el puma, fortaleciendo de manera significativa la base de datos de ciencia participativa y ciudadana que la CAR ha venido construyendo por años, y que es vital para tomar decisiones de manejo basadas en evidencia.
Educación ambiental, la piedra angular de la conservación
Reconociendo que la tecnología debe ir de la mano de la sensibilización, la jornada de firma del pacto tuvo un fuerte componente de educación ambiental.
La CAR desplegó su Aula Móvil Ambiental Rural, una unidad itinerante equipada con material pedagógico, con la cual se desarrollaron talleres lúdicos, charlas y actividades interactivas dirigidas a estudiantes de instituciones educativas rurales de Villapinzón y a miembros de la comunidad en general.
Estas acciones no son un hecho aislado, sino parte de un plan de educación integral que la corporación ejecuta desde hace tiempo.
Solo en el último año, la CAR ha realizado 31 jornadas de sensibilización similares en escuelas rurales de la zona de influencia del oso, llegando a cientos de niños y jóvenes.
Paralelamente, ha logrado conformar y capacitar a varios grupos de monitoreo comunitario, integrados por campesinos y líderes locales, quienes, con capacitación en el uso de aplicativos y protocolos de observación, ya han reportado y validado más de 113 registros de presencia del oso andino a través de huellas, heces o avistamientos directos, demostrando que la comunidad es el primer y más importante aliado en la conservación.
Con 65 años de trayectoria en el territorio, la CAR reafirma que la educación, la participación social y la generación de confianza son las herramientas más poderosas y duraderas para mitigar las principales amenazas que enfrenta el oso, como la fragmentación de su hábitat por la expansión agrícola, la cacería retaliativa por ataques a ganado y los conflictos con cultivos.
La entidad renovó la invitación a la ciudadanía, poniendo a disposición sus canales de atención directa, como el correo especializado sau@car.gov.co y sus líneas gratuitas, para que cualquier persona pueda reportar avistamientos de manera responsable, aportar información o denunciar amenazas, consolidando así una red de vigilancia y cuidado que permita asegurar el futuro del gran guardián de los Andes en la región.







