El Instituto Departamental de Cultura y Turismo (IDECUT) entregó 267 estímulos económicos a artistas, gestores culturales, creadores de contenido, bibliotecas públicas y jurados culturales como parte del Portafolio de Estímulos 2026. La inversión, que supera los $2.135 millones, respalda iniciativas culturales y turísticas en decenas de municipios de Cundinamarca y consolida una política pública que reconoce el talento y la diversidad del territorio.
Los apoyos fueron asignados mediante convocatorias públicas y mecanismos de estímulo automático, diseñados para garantizar transparencia y acceso equitativo a los recursos. Los proyectos respaldados abarcan disciplinas como música, danza, teatro, literatura, artes plásticas, fotografía, gastronomía, saberes artesanales y turismo cultural, ampliando las oportunidades de creación y circulación artística en todo el departamento.
El subgerente de Cultura del IDECUT, Oswaldo León Caballero, destacó que estos recursos permiten que más creadores y comunidades accedan a oportunidades culturales en condiciones equitativas. "No se trata solo de entregar dinero, sino de reconocer que la cultura es un derecho y que el Estado tiene la obligación de generar condiciones para que artistas y gestores puedan desarrollar sus proyectos con dignidad", señaló.
Dos fases, un mismo propósito: fortalecer el ecosistema cultural
En una primera etapa, el Portafolio priorizó procesos de formación artística y el fortalecimiento de bibliotecas públicas en 105 municipios. Estos recursos permitieron adecuar espacios culturales, promover talleres de lectura y escritura, dinamizar actividades comunitarias y consolidar a las bibliotecas como centros de encuentro y aprendizaje en regiones donde la oferta cultural suele ser limitada.
Las bibliotecas públicas, durante años reducidas a depósitos de libros polvorientos, han experimentado una transformación silenciosa. Los estímulos del IDECUT han contribuido a convertirlas en espacios vivos, donde niños escuchan cuentos, jóvenes se reúnen a discutir literatura y adultos mayores encuentran un lugar de participación. Esta visión renovada de la biblioteca como agente de desarrollo comunitario ha sido uno de los sellos distintivos de la convocatoria.
En una segunda fase, los estímulos se enfocaron en la creación y circulación de proyectos culturales, así como en becas y reconocimientos a trayectorias artísticas. Setenta y dos municipios recibieron apoyos que facilitaron la realización de conciertos, exposiciones, obras de teatro y muestras culturales dentro y fuera del departamento, incluyendo procesos de circulación nacional e internacional.
Municipios como Chía, Soacha, Girardot, Zipaquirá, Madrid, Villeta y Cáqueza figuran entre los territorios beneficiados. La distribución geográfica de los recursos evidencia un esfuerzo por descentralizar la oferta cultural, históricamente concentrada en la provincia de Sabana Centro y en municipios cercanos a Bogotá. Llevar estímulos a regiones como el Sumapaz, el Alto Magdalena o el Guavio implica reconocer que la creación artística no es patrimonio exclusivo de las grandes ciudades.
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La Tribu de Cáqueza: cuando la biblioteca vuelve a ser viva
Uno de los casos más emblemáticos de esta convocatoria proviene del municipio de Cáqueza, en la provincia del Oriente. El Grupo de Amigos de la Biblioteca (GAB), conocido como La Tribu, recibió un estímulo que permitió desarrollar talleres dirigidos a niños, jóvenes y adultos, además de adecuar y organizar los espacios de lectura de la biblioteca municipal.
Durante años, la biblioteca de Cáqueza había funcionado con mínimos recursos. Los libros permanecían empacados por falta de mobiliario, los talleres eran esporádicos y la comunidad había dejado de percibir el espacio como propio. El estímulo del IDECUT no solo representó una inyección económica, sino una validación institucional al trabajo voluntario que La Tribu venía realizando desde hacía varios años.
"Este apoyo nos permitió reactivar la biblioteca como un espacio vivo para la comunidad. Pudimos hacer talleres, organizar los libros y volver a abrir las puertas para que la gente sienta la biblioteca como suya", expresó uno de los integrantes de La Tribu.
La experiencia de Cáqueza ilustra una paradoja recurrente en la política cultural colombiana: mientras las grandes ciudades concentran museos, teatros y salas de concierto con financiación asegurada, los municipios pequeños dependen del voluntarismo de colectivos ciudadanos que sostienen la oferta cultural con sus propios recursos. Los estímulos del IDECUT, aunque insuficientes para cubrir la totalidad de las necesidades, operan como un oxígeno que permite a estas organizaciones respirar y proyectarse.
Turismo cultural: el eslabón que faltaba
El Portafolio de Estímulos 2026 incorporó por primera vez una línea específica para proyectos de turismo cultural, reconociendo el potencial económico de las expresiones artísticas y patrimoniales. Esta decisión responde a una lectura más amplia del fenómeno turístico: los viajeros contemporáneos no buscan únicamente sol y playa, sino experiencias auténticas vinculadas a la historia, la gastronomía y las tradiciones locales.
Los proyectos respaldados en esta línea incluyen rutas patrimoniales, festivales gastronómicos, talleres de oficios tradicionales y procesos de señalización turística en centros históricos. La apuesta es doble: por un lado, se generan ingresos complementarios para artistas y gestores; por otro, se posiciona a Cundinamarca como un destino cultural relevante en el panorama nacional.
La articulación entre cultura y turismo no es automática. Requiere formación, planificación y, sobre todo, respeto por las comunidades receptoras. Los estímulos entregados por el IDECUT buscan precisamente eso: que sean los propios municipios, a través de sus artistas y gestores, quienes definan cómo quieren mostrarse al mundo y qué historias desean contar.
Una política que mira al futuro
La entrega de 267 estímulos por más de $2.135 millones representa la mayor inversión del IDECUT en programas de fomento cultural durante los últimos cinco años. Sin embargo, los funcionarios departamentales reconocen que el desafío sigue siendo enorme. Cundinamarca cuenta con 116 municipios, cada uno con sus propias dinámicas culturales, sus propias carencias y sus propias potencialidades.
El Portafolio de Estímulos no es, en ese sentido, un punto de llegada sino un punto de partida. Los recursos permiten financiar proyectos durante un ciclo anual, pero la sostenibilidad del sector cultural requiere políticas de largo aliento que trasciendan los cambios de administración. La apuesta por mecanismos de estímulo automático y convocatorias públicas transparentes es un paso en esa dirección, pero aún queda camino por recorrer.
Mientras tanto, en Cáqueza, La Tribu sigue reuniéndose cada semana. Los libros ya están en los estantes, los talleres tienen nuevos participantes y la biblioteca ha recuperado ese rumor característico de las personas conversando, leyendo y aprendiendo juntas. En cada una de esas tardes, el estímulo económico se transforma en algo más valioso: comunidad.
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