La Gobernación de Cundinamarca anunció los ganadores de la séptima edición de la Condecoración ‘Periodismo Vivo Antonio Nariño’ 2026, un galardón que exalta la excelencia y la ética informativa en el departamento. En esta versión participaron 42 periodistas, cuyos trabajos fueron evaluados bajo criterios de rigor investigativo, profundidad temática, objetividad e impacto social. El jurado estuvo conformado por delegados del Gobernador, expertos en cultura, turismo y transformación digital, quienes valoraron el aporte del periodismo al desarrollo democrático regional.
El premio lleva el nombre del precursor de la independencia, Antonio Nariño, quien tradujo y publicó en 1794 los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Fue el primer periodista político de la Nueva Granada. Bautizar así la condecoración no es casualidad. Es un recordatorio de que el periodismo en Colombia nació ligado a la lucha por las libertades públicas.
“En tiempos de desinformación y ruido digital, premiar el periodismo serio, veraz y con impacto social es un acto de responsabilidad política. Es reconocer que sin buena información no hay buena ciudadanía”, afirmó el gobernador Jorge Rey durante el anuncio virtual de los ganadores.
Galardones en Cundinamarca honran una vida de oficio y reportajes que cambian realidades
Entre los galardonados destacados se encuentra Alejandro Castro Guerrero, quien recibió el reconocimiento a Toda una vida periodística. Con 52 años de oficio, Castro Guerrero es una institución en el periodismo regional. Comenzó en la extinta Emisora Sutatenza, fue fundador del periódico ‘El Cundinamarqués’ y hoy, a sus 78 años, sigue escribiendo una columna dominical que es lectura obligada.
“Mi premio más grande no es esta estatuilla, sino la confianza de la gente. Cuando un campesino de Pandi me para en la plaza para contarme un problema, sabiendo que yo lo voy a llevar a donde deba, ahí está el verdadero reconocimiento”, dijo emocionado el veterano periodista.
Camila Andrea Castro Bonilla, premiada por el mejor trabajo de investigación, presentó una serie de tres reportajes titulada “El costo humano del carbón: silicosis en las minas de Cundinamarca”. Durante seis meses, documentó el caso de 27 mineros de municipios como Sutatausa y Tausa que padecen esta enfermedad pulmonar incurable, sin recibir indemnización alguna.
Su investigación combinó datos de salud pública, testimonios desgarradores y el seguimiento a un litigio colectivo contra una empresa extractora. “El reportaje logró que la Secretaría de Salud Departamental abriera una investigación epidemiológica y que la Procuraduría revisara los casos. El periodismo debe ser un puente entre el sufrimiento silencioso y las instituciones que deben actuar”, afirmó Castro Bonilla.
En otras categorías, los méritos fueron para Diego Abraham Zambrano (Comunitario), César Augusto Rueda (Deportes), Daniel Santiago Álvarez (Opinión), John Alexander Gómez (Cultura) y July Pulgarín (Corresponsal).
Diego Zambrano ganó por su labor al frente de la emisora comunitaria ‘Voz de la Sabana’ en Tabio. Con programas hechos por y para la comunidad, ha logrado cosas extraordinarias. Su campaña “Un árbol, una vida” movilizó a los vecinos a plantar 1,200 árboles nativos. Su espacio de “Búsqueda de desaparecidos” ayudó a localizar a tres adultos mayores con alzhéimer.
César Rueda, el ganador en deportes, no cubre partidos de fútbol profesional. Su foco es el deporte escolar y paralímpico. Su serie “Campeones sin Estatua” visibilizó a atletas cundinamarqueses que han ganado medallas en torneos nacionales para personas con discapacidad, pero que viven en el anonimato y sin apoyo oficial. Su trabajo forzó a la Secretaría del Deporte a crear un programa de becas para estos deportistas.
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Más que un premio: un escudo moral y una beca para sostener el periodismo local en Cundinamarca
Estos comunicadores fueron distinguidos por su contribución esencial a la transparencia y la construcción de memoria en sus comunidades.
La ceremonia de premiación revela el ecosistema mediático diverso y vibrante de Cundinamarca. No se limita a los grandes medios de Bogotá. Incluye a la radio comunitaria de Anolaima, al periódico mural de Guatavita, al canal de YouTube de un joven de San Antonio del Tequendama que explica el POT municipal con animaciones.
“Este premio es un antídoto contra la idea de que el periodismo local está muerto. Está más vivo que nunca, adaptándose a nuevos formatos y luchando contra viento y marea para contar las historias de su territorio”, señaló María Paula Martínez, directora de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) e integrante del jurado.
Esta condecoración institucional está respaldada por las ordenanzas departamentales de 2020 y 2022, reafirmando el apoyo de Cundinamarca a la libertad de prensa como un ejercicio vital para fortalecer la confianza pública.
El premio no es solo simbólico. Cada ganador recibe un estímulo económico (aproximadamente $8 millones de pesos) y una beca para un diplomado en periodismo digital ofrecido por la Universidad de Cundinamarca. Es una apuesta por la formación continua en un oficio que se transforma día a día.
Sin embargo, los periodistas galardonados no ocultan los desafíos. July Pulgarín, corresponsal en el municipio de Viotá, relata las dificultades de cubrir la política local. “Te llaman ‘enemiga del progreso’ por reportar una irregularidad en un contrato. Recibes presiones de todos los bandos. Este premio es un escudo moral. Te dice: ‘sigue, lo que haces es importante y legítimo’”.
La ceremonia oficial de entrega se realizará próximamente en un acto solemne para rendir homenaje a la labor que estos profesionales desarrollan diariamente en los municipios. Será en la Capilla del Sagrario de la Catedral de Zipaquirá, un lugar cargado de historia.
Con este premio, el departamento busca incentivar un periodismo de alta calidad que garantice el derecho ciudadano a la información veraz y oportuna.
En el fondo, la Condecoración Antonio Nariño es una inversión en democracia. Al reconocer y proteger a sus periodistas, Cundinamarca fortalece sus mecanismos de control social, enriquece el debate público y construye una memoria colectiva más precisa y justa.
En un mundo de noticias falsas y agendas tóxicas, estos siete periodistas premiados son faros. Recuerdan que, en las plazas, emisoras y pantallas de los 116 municipios, sigue habiendo hombres y mujeres que creen en la verdad como un servicio público. Que asumen los riesgos y las incomodidades de preguntar, investigar y contar. Porque, como dijo Antonio Nariño, “la prensa es la escuela del pueblo”. Y Cundinamarca, con este premio, sigue apostando por esa escuela.
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