La Alcaldía Mayor de Bogotá activó un plan interinstitucional para atender la grave afectación que sufrió el Palo del Ahorcado, un símbolo natural y cultural del barrio Potosí, tras un incendio registrado en la madrugada del miércoles. Técnicos del Jardín Botánico evalúan si las heridas serán reversibles.
En lo alto de Cerro Seco, en la localidad de Ciudad Bolívar, un viejo eucalipto ha sido testigo silencioso del crecimiento del barrio Potosí y de las luchas comunitarias que forjaron la identidad de este sector de la ciudad. Pero en la noche del 11 de febrero, una conflagración puso en riesgo la existencia de este ser vivo, conocido popularmente como el Palo del Ahorcado o Árbol de la Vida.
La respuesta de las autoridades no se hizo esperar. De manera inmediata, la Alcaldía Mayor articuló un equipo de emergencia integrado por el Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (SDCRD) y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). El objetivo central: evaluar los daños y determinar si es posible salvar a este ejemplar que, más que un árbol, es un monumento vivo de la memoria colectiva.
Bogotá: heridas profundas en un ser vivo patrimonial
El equipo de sanidad vegetal y de árboles patrimoniales del Jardín Botánico acudió al lugar para realizar una evaluación detallada del individuo arbóreo. Los especialistas aplicaron protocolos de diagnóstico fisiológico y estructural para comprender la magnitud de las afectaciones causadas por el fuego.
Los primeros análisis revelan un panorama complejo. Las llamas causaron heridas de consideración en la corteza y en tejidos vitales del árbol. María Claudia García, directora del Jardín Botánico, explicó que, aunque se intervendrá para intentar ayudar a su recuperación, las perspectivas no son alentadoras. "Con esta intervención queremos tratar de ayudar al Árbol de la Vida a recuperarse de las heridas, sin embargo, varias de ellas parecen ser irreversibles", señaló la funcionaria.
García enfatizó que este ejemplar no es un árbol cualquiera. "Es un símbolo vivo de nuestra biodiversidad, de nuestra memoria y de nuestra identidad cultural. Hoy más que nunca hacemos un llamado a la ciudadanía para proteger, respetar y cuidar nuestro patrimonio natural", agregó.
El plan de acción contempla un monitoreo permanente. La evolución del árbol dependerá exclusivamente de su respuesta biológica al estrés sufrido y de su propio ciclo natural de vida. Las decisiones técnicas sobre su manejo y posible estabilización se adoptarán con rigor científico, basándose en la evolución que presenten sus tejidos en las próximas semanas.
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Más que un árbol: un testigo de la memoria y la lucha social
La relevancia de este particular eucalipto, único en la cima de Cerro Seco, trasciende lo meramente ambiental. Durante décadas, su silueta ha estado entrelazada con las historias de miles de habitantes de Ciudad Bolívar. Ha sido un punto de referencia para migrantes internos que llegaron a la ciudad en busca de oportunidades y que, mediante procesos de autoconstrucción, dieron vida a los barrios que hoy rodean el cerro.
En sus alrededores se han tejido prácticas sociales, ambientales y espirituales que han fortalecido el tejido comunitario. Por ello, el fuego no solo quemó ramas y hojas; también hirió un símbolo de arraigo territorial.
Diego Parra, director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, reflexionó sobre el significado de este ataque al patrimonio. "Estos hechos nos invitan a reflexionar sobre el profundo valor que tiene el patrimonio natural y cultural para la ciudad. Proteger el Palo del Ahorcado o Árbol de la Vida es proteger la memoria, las luchas sociales y los procesos comunitarios que han construido identidad en Ciudad Bolívar", afirmó.
El IDPC ya había reconocido oficialmente esta dimensión simbólica. En 2023, la entidad trabajó junto a colectivos y organizaciones comunitarias en talleres de cartografía social y recorridos territoriales. Este ejercicio permitió construir un documento de valoración patrimonial del área, que reconoció el territorio físico y simbólico asociado al árbol. Gracias a este trabajo, el sector fue inscrito en la Lista Indicativa de Candidatos a Bienes de Interés Cultural (LICBIC), un paso previo a una posible declaratoria formal como bien de interés cultural.
Desde el Distrito se reitera el llamado a la ciudadanía para reconocer, respetar y cuidar los bienes que representan la memoria colectiva. El patrimonio natural y cultural es una responsabilidad compartida, y su protección exige un trabajo articulado entre las instituciones y la comunidad. Mientras los técnicos esperan la respuesta biológica del árbol, Ciudad Bolívar permanece a la expectativa, cuidando la esperanza de que la vida se imponga en uno de sus símbolos más queridos.
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